Emma & Yo (Cap. I)
La que acababa de pasar, fue la peor entrevista laboral que había pasado en mi vida. No podía creer lo mierda que podría ser la sociedad… no me lo imaginaba. Y yo, heme aquí, en plena calle en verano hecho un pringao con este trajecito y esta carpeta con 3 míseras hojas de vida profesional.
Yo a los 23 años ya me sentía un desperdicio de la humanidad y la verdad, que ni me puedo quejar porque hasta me lo advirtieron en la mismísima universidad “chicos, si pueden lárguense del país” sabios consejos que no quisimos escuchar, nosotros, los jóvenes ingenuos y emprendedores de aquella clase de Macroeconomía del año 99.
Aquellos años…¿?… ¿los más felices de mi vida? Pues sí, eso hay que admitirlo, los más felices de mi vida. Era joven, bello, sin responsabilidades y a punto de conocer a la que sería por siempre la mujer de mi vida. Que puedo decir lo tenía todo.
La primera imagen que llega a mi mente es la de Emma junto a aquella pizarra con el marcador en mano escribiendo lo más cerca posible de mí, sabiendo que ese olorcito químico que traía el marcador me destrozaba la nariz.
-Soy alérgico, tarada.
-No es mi culpa, imbecil… que seas alérgico no es mi asunto, debo seguir escribiendo... indicaciones de la profesora.
Yo a la profesora me la pasaba por donde sea necesario porque mi nariz húmeda y mi alergia eran mi Prioridad Nº1 lamentablemente la profesora no pensaba igual –la señorita Emma esta resolviendo en la pizarra el problema que ustedes, sarta de inútiles, no supieron responder en el examen de ayer, así que usted y su nariz salgan del salón y regresen después de tomarse un antihistamínico- lo que no sabia la profesora era que también era alérgico a los antihistamínicos… y a algunos besos.
-¿A los besos? Tú, que haces aquí, la profesora ha preguntado por ti, te hacíamos en la farmacia muerto y no en el patio hablando solo.
-Emma, hazte un favor y regresa a la pizarra que seguro has dejado un par de alérgicos a medio morir en el salón, regresa allá y déjame en paz.
-No, prefiero quedarme aquí, quien debería regresar eres tú, porque la profesora esta haciendo una nueva evaluación y esta dejando que el todo el mundo saque las chuletas que no pudieron usar ayer.
Esa era una gran noticia pero mi condición física no me lo permitía, necesitaba dormir y alejarme lo más posible de las pizarras, los marcadores y de Emma.
-Vamos, levántate –dijo ella- vamos a dar un paseo en mi coche, así te ventilas un poco.
-Vete, no te aguanto, eres la “ tipa ” mas insoportable de toda esta universidad, no caeré en tus trucos.
Por alguna extraña razón terminé en su coche con el asiento tirado hacia atrás, resguardando mi nariz, siguiendo un rumbo desconocido por casi 10 min. Pero al fin llegamos.
-Bájate, que mi madre debe tener algo para tu alergia. Habíamos llegado a su casa, que era una especie de chalet pero en un barrio venido a menos, a pesar de esto tenía más de una comodidad.
-Túmbate un rato… no te preocupes no es mi cuarto –sonrió maléficamente- es el cuarto de la asistenta. Pues ese cuarto para comenzar estaba mucho mas implementado que el mío… para comenzar tenía una laptop encendida, bajando porno.
-Tu asistenta… ¿está bajando porno?
-Tú, déjala, su novio no le funciona en la cama y se aleja de la infidelidad con esas cosas. Emma puso un vaso con agua tibia sobre el velador y le acercó una pastilla.
-Soy alérgico a los antihistamínicos. Emma, lo sabes bien.
-Tú, tómate esto y cállate. Le hice caso, su madre era doctora y la especialista más reconocida en temas de alergia en toda la ciudad, algo de alergias debía de saber Emma, nunca fui a su consulta porque era precisamente la madre de Emma. En fin, tontamente confié en ella y sus pastillas. Me bajó la presión y terminé realmente pálido sobre la cama de aquella habitación, junto a una laptop pletorita de videos porno -por qué nunca cargo mi memoria USB. Pensé- y totalmente pálido en el reflejo de los ojos de Emma que estaba sobre mí, tapándome con todo lo tapable que tenía a mano.
-Emma, tengo frío.
-Escúchame claramente, no te mueras. A mis padres no les gusta que meta a desconocidos en casa, menos a un muerto, por favor por favor reacciona.
Simplemente sentí que me desvanecía.
Cuando desperté eran las 6 de la mañana del día siguiente, tenía a Emma encima mío cubierta con una frazada y a la asistenta tumbada sobre la alfombra.
-Que nochecita, mira donde amaneció Sofía –dijo Emma- jajaja en el piso, esto tiene pinta de orgía.
-Retrazada mental, salte de encima mío. Qué ha pasado. Mira la hora que es.
-Cálmate, llamé a tu casa, tu mamá sabe que estas aquí, le dije que estábamos estudiando… mira esto jaja. Emma, sacó su celular y le mostró la foto que le había sacado durante la noche –jaja se la mandé a tu madre- donde salía babeando con un libro de macroeconomía bajo los brazos.
-Tu madre es muy confiada. Se ha creído eso, que hemos pasado la noche estudiando.
-Sí, mi madre es muy confiada. Quieres hacerme el favor de salir de encima mío, ya casi no siento las piernas.
-Ok, por lo menos ya no tienes la alergia, agradécemelo.
-Casi me matas y deseas que te agradezca. Vete al diablo... espera… ¿por qué estoy desnudo?
-Eh…, fue Sofía, que te sacó la ropa porque estabas sudando mucho, verdad Sofía –se escucho un golpe seco sobre el cuerpo de la asistente.
-¡Auch!, no pateen. Espetó Sofía.
-Sofía, recuerdas donde “pusiste” la ropa del joven.
-Señorita, usted la puso sobre el velador –se escuchó otro golpe seco sobre el cuerpo de la asistenta- perdón, la puse sobre el velador.
Esa mañana cogí mi ropa y salí disparado en busca de un taxi que me llevase a casa.
Ya por la tarde en la universidad después de clases Emma me esperaba en su coche, debía hablar con ella.
-Mi madre no se ha creído nada, piensa que nos hemos quedado de novios toda la noche. Le conté la verdad pero no me creyó, piensa que eres mi novia y le ha contado a mi padre, quieren conocerte, les has parecido “muy linda”, pero les he dicho la verdad, de cómo es que eres, y todo sobre el marcador y la pizarra, y no me creen.
Emma, estaba pálida –no estoy lista para un noviazgo, no estoy lista para conocer a ningún padre de familia… no estoy lista.
-Escucha, no conocerás a nadie de mi familia, yo ya veré como resuelvo este tema. Inesperadamente, Emma, lo abrazó fuertemente, tanto que lo sorprendió – ¿qué haces?
Pues Emma no dijo nada y se quedó ahí prendida como durmiendo por un buen rato sobre su hombro. Era tan incomodo, la gente pasaba y nos miraba extrañados. El abrazo duro tanto que terminé soltando los cuadernos y abrazándola también por un buen rato más.
Para cuando decidimos que esto ya estaba demasiado extraño, nos soltamos, ella tenía todo el lado derecho de la cara rojísima y sus ojos estaban como si la hubieran mal despertado del un bello sueño. Ella se subió al coche y partió aplastándome todos los cuadernos que terminaron regados sobre el mismo lugar donde ella estaba hace un momento abrazándome.
-Tengo que sacar el carné de conducir, urgentemente. Pensé.
Así, terminábamos todos los días al final de las clases, abrazándonos como dos imbéciles, sin decirnos nada el uno al otro solo sintiendo esa transmisión de calor entre nuestros cuerpos, sintiendo su aroma al máximo. Fue un invierno fantástico, con cero alergias, y con muchos ceros en las calificaciones y en las asistencias a un sinnúmero de clases.
Un día Emma no vino más, no vino por casi un mes a la universidad… no sabía nada de ella y no me atrevía a aparecerme en su casa. Así que llamé a su asistenta, y me comentó que toda la familia partiría a Buenos Aires. Quedé petrificado. Fui a buscarla, ella cruzó la puerta de su casa y fue la primera vez que la vi realmente bella.
-Me voy a la Argentina -me lo soltó así, sin aviso previo ni nada- dejo de estudiar economía, me iré a estudiar Danza Moderna a Bs.As.
Quizá -pensé- era mejor así, quizá debía olvidarme de todo y volver a dedicarme un poco de mi mismo, coger algunos libros y retomar los apuntes en clases y dejar de dibujar su rostro sobre las carpetas de la universidad. Quizá era mejor así, -¿no crees?- Di media vuelta como hacen las brújulas y seguí mi rumbo, mi destino. Caminé unos diez pasos y comenzaron a llover pastillas sobre mí.
-No olvides de tomarlas –grito Emma un poco con la voz entrecortada. De inmediato entró a su casa a paso rápido.
Para cuando llegué a casa la familia entera estaba reunida. Era el último en llegar. Mi padre me esperaba en el jardín.
-¿Qué sucede? –pregunté preocupado. Nadie supo decirme nada.
Aquel viernes mi padre me comentaba que lo habíamos perdido todo, que lo habían estafado, que la empresa cerraba en el acto. Que no había dinero, que nuestras vidas cambiarían. La cara se me puso de piedra, esto sumado a lo de Emma convertían mi día en “el mejor día de mi vida”.
-No dejaras de estudiar, tú ni tus hermanos, pero haremos cambios drásticos.
Aquellos cambios implicaban cambiar de casa inmediatamente, vender la que teníamos, y cambiarme de universidad y terminar la carrera en una universidad del estado.
-Esta bien, papá. Hagamos lo que sea conveniente para todos.
La verdad ya no me sentía atado a nada, en aquella universidad había perdido a Emma y casi todas las clases de ese semestre, estaba listo para dejarlo todo y reiniciar la vida en un nuevo lugar.
De todo este huracán de cosas ya habían pasado casi 3 años y me encontraba ahora en esta calle en verano hecho un pringao con este trajecito y esta carpeta con 3 míseras hojas de vida profesional.
-¿Cuánto me costará un suicidio? –me preguntaba a mi mismo sonriente mientras pasaba mirando el Ministerio del Trabajo que estaba muy cerca del lugar donde había sido entrevistado por la mujer más despreciable del universo.
-Ay, Emma, que será de tu vida, mi vida es una mierda, si la vieras. Estarás dando de brincos en algún escenario post moderno allá en Argentina o quien sabe en cualquier lugar del universo. Decía eso mientras alzaba la cabeza buscando mi dignidad.
-No se te ha quitado la manía de estar hablando solo, no?- dijo Emma desde mi espalda.
Era ella que me venía siguiendo cuadras atrás desde que salí de aquel edificio, de aquella entrevista de trabajo, la peor de mi vida, Emma.
-Qué haces en Lima, qué haces en Perú. ¿Tú no estabas en Argentina?
-Calla, y abrázame un poco. Pidió Emma.
-Ven abrázame un poco, tu también. Que te necesito. Te he extrañado mucho, Emma.
-Te amo, sabias.
-Sí, Emma, me lo imaginaba. Pero ahora solo abrasémonos hasta el infinito.
-Sí. Bueno, pero solo tengo 5 minutos, debo regresar a trabajar.
-No interesa.
Yo a los 23 años ya me sentía un desperdicio de la humanidad y la verdad, que ni me puedo quejar porque hasta me lo advirtieron en la mismísima universidad “chicos, si pueden lárguense del país” sabios consejos que no quisimos escuchar, nosotros, los jóvenes ingenuos y emprendedores de aquella clase de Macroeconomía del año 99.
Aquellos años…¿?… ¿los más felices de mi vida? Pues sí, eso hay que admitirlo, los más felices de mi vida. Era joven, bello, sin responsabilidades y a punto de conocer a la que sería por siempre la mujer de mi vida. Que puedo decir lo tenía todo.
La primera imagen que llega a mi mente es la de Emma junto a aquella pizarra con el marcador en mano escribiendo lo más cerca posible de mí, sabiendo que ese olorcito químico que traía el marcador me destrozaba la nariz.
-Soy alérgico, tarada.
-No es mi culpa, imbecil… que seas alérgico no es mi asunto, debo seguir escribiendo... indicaciones de la profesora.
Yo a la profesora me la pasaba por donde sea necesario porque mi nariz húmeda y mi alergia eran mi Prioridad Nº1 lamentablemente la profesora no pensaba igual –la señorita Emma esta resolviendo en la pizarra el problema que ustedes, sarta de inútiles, no supieron responder en el examen de ayer, así que usted y su nariz salgan del salón y regresen después de tomarse un antihistamínico- lo que no sabia la profesora era que también era alérgico a los antihistamínicos… y a algunos besos.
-¿A los besos? Tú, que haces aquí, la profesora ha preguntado por ti, te hacíamos en la farmacia muerto y no en el patio hablando solo.
-Emma, hazte un favor y regresa a la pizarra que seguro has dejado un par de alérgicos a medio morir en el salón, regresa allá y déjame en paz.
-No, prefiero quedarme aquí, quien debería regresar eres tú, porque la profesora esta haciendo una nueva evaluación y esta dejando que el todo el mundo saque las chuletas que no pudieron usar ayer.
Esa era una gran noticia pero mi condición física no me lo permitía, necesitaba dormir y alejarme lo más posible de las pizarras, los marcadores y de Emma.
-Vamos, levántate –dijo ella- vamos a dar un paseo en mi coche, así te ventilas un poco.
-Vete, no te aguanto, eres la “ tipa ” mas insoportable de toda esta universidad, no caeré en tus trucos.
Por alguna extraña razón terminé en su coche con el asiento tirado hacia atrás, resguardando mi nariz, siguiendo un rumbo desconocido por casi 10 min. Pero al fin llegamos.
-Bájate, que mi madre debe tener algo para tu alergia. Habíamos llegado a su casa, que era una especie de chalet pero en un barrio venido a menos, a pesar de esto tenía más de una comodidad.
-Túmbate un rato… no te preocupes no es mi cuarto –sonrió maléficamente- es el cuarto de la asistenta. Pues ese cuarto para comenzar estaba mucho mas implementado que el mío… para comenzar tenía una laptop encendida, bajando porno.
-Tu asistenta… ¿está bajando porno?
-Tú, déjala, su novio no le funciona en la cama y se aleja de la infidelidad con esas cosas. Emma puso un vaso con agua tibia sobre el velador y le acercó una pastilla.
-Soy alérgico a los antihistamínicos. Emma, lo sabes bien.
-Tú, tómate esto y cállate. Le hice caso, su madre era doctora y la especialista más reconocida en temas de alergia en toda la ciudad, algo de alergias debía de saber Emma, nunca fui a su consulta porque era precisamente la madre de Emma. En fin, tontamente confié en ella y sus pastillas. Me bajó la presión y terminé realmente pálido sobre la cama de aquella habitación, junto a una laptop pletorita de videos porno -por qué nunca cargo mi memoria USB. Pensé- y totalmente pálido en el reflejo de los ojos de Emma que estaba sobre mí, tapándome con todo lo tapable que tenía a mano.
-Emma, tengo frío.
-Escúchame claramente, no te mueras. A mis padres no les gusta que meta a desconocidos en casa, menos a un muerto, por favor por favor reacciona.
Simplemente sentí que me desvanecía.
Cuando desperté eran las 6 de la mañana del día siguiente, tenía a Emma encima mío cubierta con una frazada y a la asistenta tumbada sobre la alfombra.
-Que nochecita, mira donde amaneció Sofía –dijo Emma- jajaja en el piso, esto tiene pinta de orgía.
-Retrazada mental, salte de encima mío. Qué ha pasado. Mira la hora que es.
-Cálmate, llamé a tu casa, tu mamá sabe que estas aquí, le dije que estábamos estudiando… mira esto jaja. Emma, sacó su celular y le mostró la foto que le había sacado durante la noche –jaja se la mandé a tu madre- donde salía babeando con un libro de macroeconomía bajo los brazos.
-Tu madre es muy confiada. Se ha creído eso, que hemos pasado la noche estudiando.
-Sí, mi madre es muy confiada. Quieres hacerme el favor de salir de encima mío, ya casi no siento las piernas.
-Ok, por lo menos ya no tienes la alergia, agradécemelo.
-Casi me matas y deseas que te agradezca. Vete al diablo... espera… ¿por qué estoy desnudo?
-Eh…, fue Sofía, que te sacó la ropa porque estabas sudando mucho, verdad Sofía –se escucho un golpe seco sobre el cuerpo de la asistente.
-¡Auch!, no pateen. Espetó Sofía.
-Sofía, recuerdas donde “pusiste” la ropa del joven.
-Señorita, usted la puso sobre el velador –se escuchó otro golpe seco sobre el cuerpo de la asistenta- perdón, la puse sobre el velador.
Esa mañana cogí mi ropa y salí disparado en busca de un taxi que me llevase a casa.
Ya por la tarde en la universidad después de clases Emma me esperaba en su coche, debía hablar con ella.
-Mi madre no se ha creído nada, piensa que nos hemos quedado de novios toda la noche. Le conté la verdad pero no me creyó, piensa que eres mi novia y le ha contado a mi padre, quieren conocerte, les has parecido “muy linda”, pero les he dicho la verdad, de cómo es que eres, y todo sobre el marcador y la pizarra, y no me creen.
Emma, estaba pálida –no estoy lista para un noviazgo, no estoy lista para conocer a ningún padre de familia… no estoy lista.
-Escucha, no conocerás a nadie de mi familia, yo ya veré como resuelvo este tema. Inesperadamente, Emma, lo abrazó fuertemente, tanto que lo sorprendió – ¿qué haces?
Pues Emma no dijo nada y se quedó ahí prendida como durmiendo por un buen rato sobre su hombro. Era tan incomodo, la gente pasaba y nos miraba extrañados. El abrazo duro tanto que terminé soltando los cuadernos y abrazándola también por un buen rato más.
Para cuando decidimos que esto ya estaba demasiado extraño, nos soltamos, ella tenía todo el lado derecho de la cara rojísima y sus ojos estaban como si la hubieran mal despertado del un bello sueño. Ella se subió al coche y partió aplastándome todos los cuadernos que terminaron regados sobre el mismo lugar donde ella estaba hace un momento abrazándome.
-Tengo que sacar el carné de conducir, urgentemente. Pensé.
Así, terminábamos todos los días al final de las clases, abrazándonos como dos imbéciles, sin decirnos nada el uno al otro solo sintiendo esa transmisión de calor entre nuestros cuerpos, sintiendo su aroma al máximo. Fue un invierno fantástico, con cero alergias, y con muchos ceros en las calificaciones y en las asistencias a un sinnúmero de clases.
Un día Emma no vino más, no vino por casi un mes a la universidad… no sabía nada de ella y no me atrevía a aparecerme en su casa. Así que llamé a su asistenta, y me comentó que toda la familia partiría a Buenos Aires. Quedé petrificado. Fui a buscarla, ella cruzó la puerta de su casa y fue la primera vez que la vi realmente bella.
-Me voy a la Argentina -me lo soltó así, sin aviso previo ni nada- dejo de estudiar economía, me iré a estudiar Danza Moderna a Bs.As.
Quizá -pensé- era mejor así, quizá debía olvidarme de todo y volver a dedicarme un poco de mi mismo, coger algunos libros y retomar los apuntes en clases y dejar de dibujar su rostro sobre las carpetas de la universidad. Quizá era mejor así, -¿no crees?- Di media vuelta como hacen las brújulas y seguí mi rumbo, mi destino. Caminé unos diez pasos y comenzaron a llover pastillas sobre mí.
-No olvides de tomarlas –grito Emma un poco con la voz entrecortada. De inmediato entró a su casa a paso rápido.
Para cuando llegué a casa la familia entera estaba reunida. Era el último en llegar. Mi padre me esperaba en el jardín.
-¿Qué sucede? –pregunté preocupado. Nadie supo decirme nada.
Aquel viernes mi padre me comentaba que lo habíamos perdido todo, que lo habían estafado, que la empresa cerraba en el acto. Que no había dinero, que nuestras vidas cambiarían. La cara se me puso de piedra, esto sumado a lo de Emma convertían mi día en “el mejor día de mi vida”.
-No dejaras de estudiar, tú ni tus hermanos, pero haremos cambios drásticos.
Aquellos cambios implicaban cambiar de casa inmediatamente, vender la que teníamos, y cambiarme de universidad y terminar la carrera en una universidad del estado.
-Esta bien, papá. Hagamos lo que sea conveniente para todos.
La verdad ya no me sentía atado a nada, en aquella universidad había perdido a Emma y casi todas las clases de ese semestre, estaba listo para dejarlo todo y reiniciar la vida en un nuevo lugar.
De todo este huracán de cosas ya habían pasado casi 3 años y me encontraba ahora en esta calle en verano hecho un pringao con este trajecito y esta carpeta con 3 míseras hojas de vida profesional.
-¿Cuánto me costará un suicidio? –me preguntaba a mi mismo sonriente mientras pasaba mirando el Ministerio del Trabajo que estaba muy cerca del lugar donde había sido entrevistado por la mujer más despreciable del universo.
-Ay, Emma, que será de tu vida, mi vida es una mierda, si la vieras. Estarás dando de brincos en algún escenario post moderno allá en Argentina o quien sabe en cualquier lugar del universo. Decía eso mientras alzaba la cabeza buscando mi dignidad.
-No se te ha quitado la manía de estar hablando solo, no?- dijo Emma desde mi espalda.
Era ella que me venía siguiendo cuadras atrás desde que salí de aquel edificio, de aquella entrevista de trabajo, la peor de mi vida, Emma.
-Qué haces en Lima, qué haces en Perú. ¿Tú no estabas en Argentina?
-Calla, y abrázame un poco. Pidió Emma.
-Ven abrázame un poco, tu también. Que te necesito. Te he extrañado mucho, Emma.
-Te amo, sabias.
-Sí, Emma, me lo imaginaba. Pero ahora solo abrasémonos hasta el infinito.
-Sí. Bueno, pero solo tengo 5 minutos, debo regresar a trabajar.
-No interesa.

1 Comments:
Usted dejo un mensaje en mi fotolog diciendo algo muy fuerte
y me parece que es un desubicado, ya que por lo menos puede dejarme el nombre... no? jaja...
Saludos, Si tuviera tiempo leeria todo eso que posteo, pero ARNET me jugo sucio y me toco unos cables dejandome sin internet desde hace 20 dias... te debes imaginar por donde se pasan los reclamos.
Quiero eco! ARNET vuelve a mi!!
A proposito... le gusta charly??
implacable_rnr@hotmail.com
telepatica-mente.blogspot.com
8:06 AM
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